En Tránsito
En Tránsito habla del movimiento constante de la vida y de las distintas maneras en que cada uno atraviesa su propio camino.
Pequeñas figuras humanas recorren, escalan, descansan, se sostienen y observan sobre fragmentos de madera que conservan sus formas, texturas e imperfecciones naturales. Algunas parecen avanzar con determinación; otras esperan, contemplan o buscan la manera de continuar. Hay quienes suben solos y quienes necesitan apoyarse en otro.
Aunque comparten un mismo espacio, cada figura vive su propio tránsito.
La obra propone una reflexión sobre esos recorridos que no siempre son lineales. Sobre los momentos en los que avanzamos con facilidad y aquellos en los que simplemente intentamos sostenernos. Sobre llegar, detenerse, volver a empezar y comprender que cada persona transita la vida a su propio ritmo.
La madera, marcada por el tiempo y conservada en su estado orgánico, se convierte en paisaje, camino y obstáculo. Frente a ella, las figuras humanas parecen pequeñas y vulnerables, pero al mismo tiempo persistentes.
En Tránsito es una metáfora de la vida: todos estamos yendo hacia algún lugar, aunque no todos lleguemos de la misma manera ni al mismo tiempo.
Proceso creativo
El punto de partida de En Tránsito es la propia madera. Raquel Gimal trabaja a partir de sus formas naturales, respetando sus bordes, grietas, vetas y texturas en lugar de intentar transformarlas por completo.
A partir de ese paisaje ya existente, comienza a imaginar la relación del cuerpo humano con el espacio. Las figuras aparecen entonces en distintas posiciones y actitudes: trepando, descansando, observando, sosteniéndose o ayudándose unas a otras.
Su ubicación no responde únicamente a una composición estética. Cada gesto introduce una pequeña historia y, al reunirlas, la obra construye una narrativa mayor sobre el esfuerzo, la pausa, la vulnerabilidad, la cooperación y el paso del tiempo.
El contraste entre la fuerza y la irregularidad de la madera y la simplicidad de las figuras negras acentúa la escala humana y convierte el material natural en una suerte de geografía emocional.
La obra no plantea un único recorrido ni una única interpretación. Invita al espectador a acercarse, observar cada personaje y, quizás, preguntarse:
¿En cuál de ellos me encuentro hoy?